diumenge, 7 de juliol de 2013

Revolta de Sucre




Fa unes setmanes vaig conèixer una Ada que no era la Colau: era l’Ada Zarate, de
Paraguai. Igual que l’Ada Colau, és una dona decidida, directa i clara, i una de les responsables de la gestió de la Cooperativa Manduvirá. Tota la seva família ha conreat des de fa generacions la canya de sucre, un cultiu que, des de temps de la colònia, ha estat associat a l'explotació, les injustícies i els abusos, per la situació de monopoli. En el meu primer treball com a metge a Bolívia vaig conèixer de primera mà les esgarrifoses històries de "la zafra”, i us asseguro que us posaria la pell de gallina escoltar-les. El que m'explicaven era bàsicament esclavatge. Amb totes les seves lletres.

A Paraguai fa uns anys, un grup de dones va decidir donar la volta a aquesta realitat. No cal que us digui que això de fàcil no tenia res. Res de res. Però hem estat al seu costat des de l'inici i ara, a Manduvirà, 1.700 famílies amb les seves petites extensions de terra, formen la Cooperativa. Van optar per apostar-li al comerç just i al sucre orgànic, i s’hi varen posar.

La clau ha estat aconseguir que gent de tot el món vulgui comprar un sucre diferent. I han
Sucre de Comerç Just
anat incrementant any rere any la producció del seu sucre. En produeixen mil tones cada any i aquest any vinent amb tot el que han treballat, ja tindran el seu “Ingenio Azucarero”, és a dir, un molí propi de la canya de sucre per controlar totalment la seva producció. Cada any noves famílies es sumen a la Cooperativa, i més famílies gaudeixen de tots  els serveis que ofereix. Això permet que, malgrat viure senzillament, la seva vida hagi esdevingut una vida digna, i els seus fills i filles tinguin educació i possibilitats de mantenir aquesta vida digna i lliure.

És un bon exemple de com podem canviar les coses amb una mica d'organització col·lectiva, i una mica de solidaritat. Quan compres sucre de comerç just o dones suport a una ONGD, col·laborem a canviar moltes coses: per començar, ens ajudem a nosaltres mateixos a creure que les coses poden canviar i, en un moment com l'actual, això ens fa molta falta. Aprenem de les Adas: la iniciativa i el coratge criden a la solidaritat.     

Ara jo ho sabeu, per endolcir la vida...no cal amargar-la a ningú.

i us afegeixo una carta del Juanjo Martinez rebuda despres d'escriure l'article que parla del mateix tema:
Hola,
Silvio siempre tuvo caña en su chacra, como su padre, como su abuelo. Y como ellos, siempre sintió la frustración de la injusticia. El único ingenio de la comarca, el de don Felipe, actuaba con la soberbia de quien se sabe imprescindible y la altanería de quien tanto complejo esconde. Cada año, la entrega de la caña era una decepción con el precio y una humillación con el comentario   –¡pues buscad a otro que quiera ayudaros si no os parece bien lo que os doy … encima de que hago todo esto por vosotros!.
El nacimiento de la cooperativa tuvo algo de sueño contenido. Quien más, quien menos, pensaba en acabar con la chulería y que yendo juntos, tendría que ceder a razones pues de otro modo se quedaría sin materia prima. Pero todos sabían de las muchas posibilidades de que aquello acabara peor de cómo partía. Y el primer año que los campesinos se dirigieron a don Felipe todos unidos, su reacción fue encolerizada   –¡váyanse, están ustedes siendo manipulados por unos zurdosos que quieren prosperar a su costa! –Aguantaron, una, dos, tres semanas, con momentos de flojera y con tensiones familiares que empezaban a desesperarse sin ningún ingreso. Silvio también pensó en ceder. Se decía que a los que entregaran la caña, se les pagaría en el acto. Dudó. Eran muchas las deudas y fácil la solución   –solución para hoy pero … ¿y mañana?   –le dijo su mujer en un acto de amor y lucidez.
Finalmente, casi un mes después, don Felipe accedió a comprar la caña un treinta por cierto más cara y a pagar en el acto. La euforia inundó las casas de los que, como Silvio, supieron plantarse y rebelarse, pese a que tenían todas las de perder. La riqueza y el orgullo de don Felipe podían haberle llevado a cerrar el ingenio y dejar a todos tirados. Pero no fue así. Sin embargo, don Andrés, el líder de la cooperativa, advirtió que esto no iba a quedar así porque seguramente don Felipe reaccionó por estar comprometido por varios pedidos ya cerrados con importantes clientes extranjeros. Pero cara al año siguiente podría ser diferente.
Entonces ocurrió que una organización alemana de algo llamado “comercio justo” supo de la cooperativa y se presentó allí para proponer una idea. Otro sueño. Les propusieron ayudarles para conseguir certificar su azúcar de caña y para procesarlo en un viejo ingenio que estaba a setenta kilómetros y llevaba años parado. De esta manera, decían, los campesinos podrían duplicar el ingreso ya que el producto se vendería en Europa con un mejor precio y sin intermediarios.   –Demasiado bonito para ser cierto   –dijo esta vez la mujer de Silvio. Pero los alemanes, gente seria, cumplieron su promesa. El ingenio volvió a funcionar y el azúcar se vendió en Alemania a un precio nunca visto. Silvio nunca acabó de creerse la leyenda urbana de que don Felipe maldijo a todos los alemanes quienes, por lo visto, también habían sido doblegados por los zurdosos.
Las cosas cambiaron mucho en casa de Silvio. La cooperativa fue creciendo en socios a la vez que en clientes. Pronto, empezaron a llegar a su límite. Bueno, al límite del viejo ingenio que con sus maquinarias de principio de siglo, eso sí, inglesas, ya no era capaz de producir más azúcar. Y los pedidos seguían llegando. Cada vez más. Quizás demasiado. Además las averías del ingenio hacían pensar que la película no había llegado a su fin. Y don Felipe, a buen seguro, se frotaba las manos sabedor que aquellas viejas piezas inglesas estaban dando sus últimos giros.
La cooperativa inició un estudio para ver qué costaría un nuevo ingenio. Tres millones de dólares. Esa cifra era inasumible. Haría falta dedicar la prima social de setenta años y aún así podría no ser suficiente. Algunas organizaciones que habían ido tejiendo su partenariado con la cooperativa durante los últimos años, como Oxfam, se ofrecieron a buscar algunas cofinanciaciones. Finalmente, una calurosa mañana de noviembre, en una Asamblea más concurrida que nunca, el directorio explicó la situación y el resumen era que faltaban dos millones de dólares americanos.   –¿Y si pedimos un préstamo?   –gritó un joven miembro desde el fondo. –Haría falta que alguien nos avalara   –respondió don Andrés que había trabajado días y noches tratando de encontrar la solución al problema. Entonces Silvio, que no solía hablar nunca en público, tras sisear unas palabras al oído de su mujer, se puso en pié y con voz quebrada pero resuelta dijo   –nosotros ofrecemos nuestra parcela como garantía, y si los demás también lo hacéis, creo que podríamos reunir el aval suficiente.   –El silencio era insoportable. Entonces otro miembro se puso en pié y también ofreció su pequeña parcela. También lo hicieron otros dos antes de que don Andrés, con los ojos vidriosos y con apenas un hilo de voz, acertara a decir   –yo también.
Han pasado tres años. Esta zafra será la última de la vieja maquinaria inglesa. Una instalación completamente nueva, autosostenible energéticamente, capaz de cuadruplicar la producción y de generar abono orgánico más que suficiente para los miembros, abrirá un nuevo tiempo no sólo en la cooperativa sino en toda la comarca. Ha habido muchas colaboraciones, como la de Patrick, un ingeniero norteamericano jubilado que cada dos meses viaja voluntariamente al Paraguay para guiar la construcción de la fábrica. Y ha sido posible liberar la mayoría de los avales individuales de los miembros. Con el nuevo tiempo vendrán también nuevos problemas. Quizás Don Felipe siga buscando vengar sus complejos. Pero Silvio sabe que si están unidos y cuentan con la confianza de sus socios europeos y norteamericanos, les irán haciendo frente. Dicen que las cooperativas no tienen capital, pero no es verdad. Tienen el capital del compromiso, la unidad y la perseverancia de sus socios. Y en el caso de Manduvirá, en el Paraguay, ese capital supera al de cualquier transnacional.
  JUANJO MARTINEZ  @Juanjo_MV








Publicat a la revista de Centelles "El Portal" num 227 de Juliol del 2013






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